Claro que su viaje a este remoto lugar en ese entonces fue difícil, solo había chaquiñanes, la travesía lo hicieron  en caballo y mulas al borde de precipicios.

Desde la aventura de Haward, las cosas han cambiado, ahora hay una carretera lastrada. Mi tía Lupe que es una súper viajera,  me contó que conocía el lugar y habían piscinas termales. Sin pensar más, un día me fui de viaje a Oyacachi en busca de incógnitas.

Primero llegué al caserío de Cangahua, que está cerca a la ciudad de Cayambe, en esta población me dijeron que había transporte hacia Oyacachi, entonces esperé y esperé. Viendo que no llega ni una mosca, peor el transporte, decidí empezar a caminar. No  conocía el camino, pero mi idea era preguntar a las personas que encuentre. La caminata fue interesante, habían grandes sembradíos de cebolla blanca que contrastaban con el horizonte azul mezclado con blanco hueso de las nubes que pasaban.

Mi noche en la guardianía
Ya había caminado varias horas y recién pasó una pequeña camioneta, le jalé dedo y me llevó unos 15 minutos antes de que se quede en una finca. Gracias y seguí caminando. A estas alturas, ya me imaginé que sería muy difícil que pase el supuesto transporte. Ya estaba entrando al área del páramo y era tarde, caminé una hora más y encontré el puesto de los guardias del la reserva ecológica Cayambe –Coca. Conversamos un buen rato sobre anécdotas de viajes y continué mi caminata hacia Oyacachi siguiendo el camino lastrado.

Empezó a obscurecer y todavía no había llegado, pero de pronto diviso una luz de una casa, me acerco y descubro que es la vivienda de guardianía, otro puesto de control de la reserva. Me hice pana con el guardián y me recomendó que sería mejor pasar la noche en la casa. Pues claro, fue una magnífica idea, todavía faltaba para llegar a Oyacachi y la idea de pasar la noche en la casa estaba bien.

 Ya instalado,  charlamos de la reserva mientras comíamos  una rica sopa caliente. Al día siguiente me despedí y solté las riendas para seguir caminando. Era magnífico poder caminar en esta área, había agua pura goteando de las paredes a un lado del camino, una gran oportunidad para tomar agua pura y viva. Doy una vuelta más y descubro el valle de Oyacachi.

Impresionante
Todo era verde y resplandecía, se podía divisar toda la población y sus alrededores. Por fin llegué a la población, pero tenía ganas de seguir caminando y no esperé, seguí mi caminata de 25 minutos hacia Maucallacta, que en kichwa significa “pueblo viejo”. Sabía que habían ruinas y la idea me llenó de entusiasmo.

Para llegar a Maucallacta, hay que pasar un hermoso bosque de alisos para después entrar a una gran planicie. En este lugar están los vestigios de casas de piedra y muros de una iglesia totalmente destruida junto a un cementerio. Para tener una mejor visión, subí por la ladera desde donde tomé datos para tener un mejor entendimiento del sitio. De repente miro hacia arriba y veo un movimiento sútil, era como si se deslizara una manta translucida de color blanco sobre las montañas,  pues la neblina es un acompañante leal a este lugar. Al seguir el camino hacia la población de El Chaco, hay un lugar especial para la fe católica. Es por aquí, el lugar original de la estatua de la virgen del Quinche.

Es una historia interesante la travesía que tuvo la estatua al ser llevada de esta área hacia la población del Quinche, provincia de Pichincha. Una de las leyendas habla que al ser traslada la virgen por los paramos, pasaron por una laguna, en ese lugar se le cayó la capa y un pedazo del dedo meñique. Desde ese entonces, la laguna es encantada. Dicen que las personas que duermen cerca de la laguna, son tragadas por olas al ser llamados en sus sueños.

La virgen del Quinche
Al investigar la zona,  llegué a conocer el lugar exacto donde reposaba la virgen. Es una piedra no muy grande en medio de un bosque. Cuando estuve ahí, apenas había una placa recordatoria.  Esta es una de las vírgenes mas conocidas a nivel nacional y se le atribuyen cantidad de milagros. La creencia en la virgen, mueve la fe de cientos de miles de personas que la visitan anualmente. Para no entrar en otra historia, ya era tipo 14h00 y regresé a Oyacachi a ver las piscinas termales.
La entrada es pagada, el cuidador dice que las piscinas son de la comunidad y que  plata recaudada es para mantencion del sitio.

Está bien la idea de un turismo auto sustentable y la conservación del lugar. Lo mejor de todo es que había oportunidad de poner mi carpa dentro del área recreativa, cerca de las piscinas. Chévere, un lugar ideal para pasar unas 2 noches, en el pueblo hacen ricas truchas acompañadas de papas fritas, arroz, huevo de campo y ensalada.

Ya merendado,  regresé al campamento a ponerme la tangaloneta, me sumergí en las calientes aguas y mi cuerpo empezó a derretirse al son de la música que salía de una  grabadora que unas personas habían llevado esa noche. Estas termas son concurridas, después de un rato llegué a otro grupo de jóvenes que se la pasaron metidos en otra piscina. Después llegaron unos pescadores.

Pesca frustrada
A un lado de las piscinas hay un río que baja del páramo, en este río hay truchas. Hasta me prestaron un rato la caña de pescar para ver que onda pesco, pero nada que ver. Regresé a la piscina, a esta hora ya casi no había nadie, la mayoría de las personas se fueron a dormir. A la final me quedé solo, ya pude despelotarme tranquilamente y relajarme.

De esta manera pase dos noches en aquel valle mágico. Ya era domingo y decidí regresar, la solo idea de subir toda la cuesta y caminar kilómetros de regreso hasta Cangahua iba estar tenaz. Pero de pronto me encontré en una camioneta, pues temprano en la mañana me hice amigo de una numerosa familia que estaba de paseo, pero no tenían cámara de fotos para el recuerdo. En cambio yo estaba con mi cámara.

Contentos me ofrecieron llevarme en su camioneta hasta Cangahua. Buenazo, ya no tuve que caminar, y en el camino de regreso nos la pasamos riendo de los cachos que se contaba. Llegando a la Panamericana me bajé y tomé el bus de regreso a Ibarra. Pero pasando la entrada de la Y de Cotacachi, de pronto me dio ganas de bajarme.

 En ese mismo instante pasa mi tía Lupe en carro, yo no le había visto en tiempos. ¡Guau! que coincidencia, ella me contó la nota de Oyacachi y ahora estoy dentro del carro yéndome a Cotacahi con ella, mi tío Nincho  y unos dos sobrinos. La nota es que ellos viven en el Quinche y rara vez vienen por acá. Y más que nada,  la conexión de Oyacachi, mi tía y diferentes eventos ocurridos. Que raro son las atmósferas que generan las coincidencias, pero bueno, talvez no existen las coincidencias, solo energía que conforma un gran rompecabezas.   
 
ENTRESACADOS

“La creencia de la Virgen mueve la fe de cientos de miles de personas que la visitan cada año”

“Dicen que las personas que duermen cerca de la laguna son tragadas por las olas”

“Talvez no existen coincidencias, solo energía que conforma un gran rompecabezas”

Fin al aislamiento
Oyacachi y el turismo
En un pequeño valle de la Reserva Ecolgica Cayambe-Coca está el complejo de piscinas termales de Oyacachi, junto a un pueblo frío y de casas de madera, donde habitan 480 personas.

Una carretera estrecha y empedrada, que trepa y vuelve a descender por el páramo como una larga serpiente de 60 kilómetros, lo lleva al sitio que hace tres meses fue reconstruido y ampliado.

Esta facilidad en el recorrido es relativamente nueva, en 1996 a fuerza de maquinaria vial se cortó la montaña y terminó el aislamiento de siglos.

Tomado de Diario La Hora
http://www.lahora.com.ec/index.php/noticias/show/814150/-1/De_viaje_en_Oyacachi.html#.UQR6PmdaPg1

 
 
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